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BLOG EL CALLEJON DEL ORO

Teresa Pamies

Publicada el 16 Ee marzo Ee 2015 a las 10:30 Comments comentarios (1)





“Allí, en la Malá Strana, me despedí de Praga una tarde de otoño particularmente dorada y tibia. Quería estar sola con ella y mis contradictorios sentimientos. Me senté en un banco adosado a la Iglesia de San Nicolás...


¿Hay alguien que pueda presumir de conocer Praga?


Me lo preguntaba pasivamente, sin ninguna intención de hallar la respuesta. Asumía mis contradicciones y desmitificaba mi relación con Praga. La despedida sería más fácil...Anochecía y el paisaje se transformaba sumergiendo la ciudad en la sombra y el silencio...


Me volví de cara al Hradcany que estaba iluminado en bloque como en las grandes ocasiones. La iluminación emergía de los jardines que rodean el vasto recinto. El espectáculo era de gran ópera rusa, grandioso y trágico.


Sentí un escalofrío de miedo o de rechazo. Tuve la sensación de que nunca volvería a Praga, la certeza de que jamás la olvidaría.”