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BLOG EL CALLEJON DEL ORO

Y apareció la cerveza Pilsen

Publicada el 12 Ee febrero Ee 2015 a las 15:45 Comments comentarios (0)





Cada época histórica tiene sus costumbres, sus gustos, sus sabores y sus olores. Hasta que se produce un acontecimiento que lo cambia todo y crea nuevos patrones. En el caso de la cerveza, ese hecho tan especial fue la creación de la Pilsen en 1842, por un cervecero bávaro.


Hoy se sabe que la cerveza medieval salvó la vida de millones de personas en Europa, debido a que al hervirse y pasar por un proceso de fermentación, el agua llena de bacterias dañinas a la salud se purificaba, que la bebían desde los niños hasta los ancianos, y que una persona normal podía ingerir hasta trescientos litros al año.


 Eso indica la importancia que en aquella época se le concedía a la cerveza. Era un problema vital. Por eso cuando tenía mala calidad, la gente se molestaba mucho. Pilsen, ciudad cervecera por excelencia fue escenario de muchos conflictos de este tipo. Los ciudadanos reaccionaban violentamente, atacaban a los cerveceros, se rompían los barriles en la calle...


Eso obligó a varios empresarios cerveceros a unificar sus capitales y fundar una fábrica. Entonces contrataron a un joven maestro cervecero de Baviera, sin saber que ese hecho cambiaría la historia de la cerveza.


Se llamaba Josef Groll, tenía 29 años, provenía de una familia de antiguos cerveceros bávaros, siempre estaba borracho y de mal humor y había encontrado la fórmula perfecta: La mejor agua, el mejor lúpulo, la mejor cebada, tres procesos de cocción y dos fermentaciones a bajas temperaturas, con una levadura especial.


Resultados: Esa maravilla que vemos hoy en las mesas de los restaurantes checos y de buena parte del mundo. Lo que ahora es evidente, antes parecía imposible.


Los problemas de carácter de Groll no lo ayudaron. En 1845 se cumplió su contrato y los dueños de la fábrica no se lo renovaron. Se dice que regresó a Baviera para trabajar en la fábrica de su padre, que se casó en 1856 y que murió a los 74 años sobre la mesa de una posada alemana, como un desconocido.


Baviera lo quiere y se siente orgullosa de ser su cuna. Nosotros, bebedores de cerveza, brindamos por él.