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BLOG EL CALLEJON DEL ORO

El Golem

Publicada el 15 Ee febrero Ee 2015 a las 9:55 Comments comentarios (0)







Jorge Luis Borges estaba íntimamente vinculado a Praga. Eso le llevó a escribir uno de los poemas más hermosos y enigmáticos de la literatura latinoamericana. Sobre él diría al final de su vida:


 

“Mi amigo, Adolfo Bioy Casares dice que este poema es el mejor de los muchos, de los demasiados poemas que he perpetrado. Creo que tiene razón, ya que en este poema, si no me engaña la vanidad, se aúna lo patético y lo humorístico. El Golem es al rabino que lo creó, lo que el hombre es a dios. Y es también lo que el poema es al poeta.”


 

Hoy les dejo está joya a los amantes de la poesía, pues no sólo de cerveza vive el hombre.


 

 

 

Jorge Luis Borges


 

El Golem

 

 

 

 

Si (como afirma el griego en el Cratilo)

el nombre es arquetipo de la cosa

en las letras de 'rosa' está la rosa

y todo el Nilo en la palabra 'Nilo'.

 

Y, hecho de consonantes y vocales,

habrá un terrible Nombre, que la esencia

cifre de Dios y que la Omnipotencia

guarde en letras y sílabas cabales.

 

Adán y las estrellas lo supieron

en el Jardín. La herrumbre del pecado

(dicen los cabalistas) lo ha borrado

y las generaciones lo perdieron.

 

Los artificios y el candor del hombre

no tienen fin. Sabemos que hubo un día

en que el pueblo de Dios buscaba el Nombre

en las vigilias de la judería.

 

No a la manera de otras que una vaga

sombra insinúan en la vaga historia,

aún está verde y viva la memoria

de Judá León, que era rabino en Praga.

 

Sediento de saber lo que Dios sabe,

Judá León se dio a permutaciones

de letras y a complejas variaciones

y al fin pronunció el Nombre que es la Clave,

 

la Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,

sobre un muñeco que con torpes manos

labró, para enseñarle los arcanos

de las Letras, del Tiempo y del Espacio.

 

El simulacro alzó los soñolientos

párpados y vio formas y colores

que no entendió, perdidos en rumores

y ensayó temerosos movimientos.

 

Gradualmente se vio (como nosotros)

aprisionado en esta red sonora

de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,

Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

 

(El cabalista que ofició de numen

a la vasta criatura apodó Golem;

estas verdades las refiere Scholem

en un docto lugar de su volumen.)

 

El rabí le explicaba el universo

"esto es mi pie; esto el tuyo, esto la soga."

y logró, al cabo de años, que el perverso

barriera bien o mal la sinagoga.

 

Tal vez hubo un error en la grafía

o en la articulación del Sacro Nombre;

a pesar de tan alta hechicería,

no aprendió a hablar el aprendiz de hombre.

 

Sus ojos, menos de hombre que de perro

y harto menos de perro que de cosa,

seguían al rabí por la dudosa

penumbra de las piezas del encierro.

 

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,

ya que a su paso el gato del rabino

se escondía. (Ese gato no está en Scholem

pero, a través del tiempo, lo adivino.)

 

Elevando a su Dios manos filiales,

las devociones de su Dios copiaba

o, estúpido y sonriente, se ahuecaba

en cóncavas zalemas orientales.

 

El rabí lo miraba con ternura

y con algún horror. '¿Cómo' (se dijo)

'pude engendrar este penoso hijo

y la inacción dejé, que es la cordura?'

 

'¿Por qué di en agregar a la infinita

serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana

madeja que en lo eterno se devana,

di otra causa, otro efecto y otra cuita?'

 

En la hora de angustia y de luz vaga,

en su Golem los ojos detenía.

¿Quién nos dirá las cosas que sentía

Dios, al mirar a su rabino en Praga?

 

  

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Un poema a Praga de Nazim Hikmet

Publicada el 5 Ee febrero Ee 2015 a las 7:30 Comments comentarios (0)





El que sigue es un fragmento de uno de los hermosos poemas de Nazim Hikmet sobre Praga (la traducción es de Alfredo Varela).


Hikmet es el poeta turco más importante del S.XX. Vivió parte de su exilio en esta ciudad y a ella le dedicó un capítulo entero de su libro "Duro oficio el exilio". En el poema, Hikmet logra transmitir esa dulce tristeza de Praga, en lo días fríos y grises del invierno, que tanto ha perturbado a los artistas y escritores que pasaron por aquí.  


"En Praga, mientras va blanqueando el alba

cae la nieve

         líquida

            gris plomizo.


En Praga se ilumina suavemente el barroco

torturado, lejano;

en sus dorados tiembla una tristeza ennegrecida.

Y sobre el Puente Carlos, las estatuas

son pájaros llegados de algún planeta muerto.


En Praga pasa un vehículo

es un carro arrastrado por un solo caballo

ante el cementerio judío.

El carro está cargado

con la nostalgia de otra ciudad

y el carrero soy yo ........"

                                                                      (El alba)