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BLOG EL CALLEJON DEL ORO

Rodolfo II

Publicada el 11 Ee marzo Ee 2015 a las 7:05 Comments comentarios (0)






 

 

 

 

Diez años tenía Rodolfo II cuando visitó Praga por primera vez y quedó profundamente impresionado por los tejados de colores que se extendían bajo sus pies. Los jardines, los salones y los patios quedaron grabados para siempre en su imaginación de niño con deseos de descubrir misterios.

 

Heredero al trono del Sacro Imperio Romano Germánico, su infancia transcurrió en el epicentro de un profundo conflicto religioso. Por un lado, su padre, Maximiliano II tenía una fuerte inclinación protestante. Por el otro, su madre, la infanta María de Austria, era hermana de Felipe II, uno de los monarcas más poderosos de su tiempo y abanderado de la cruzada católica en Europa.

 

Desde los 11 a los 19 años, Rodolfo vivió en la corte española bajo la amable, pero siempre firme tutela de su arrogante tío. Estos 8 años fueron decisivos para el futuro monarca. Aquí se consolidó su interés por todas las variantes del conocimiento, el arte y la experimentación científica. En 1576, tras la muerte de su padre, fue proclamado emperador. Tenía 24 años y ya era un hombre culto, más interesado por los nobles misterios de las ciencias que por las intrigas destructoras de la política.

 

Viena no le atraía y la ciudad de sus sueños infantiles, llena de torres, grandes mercados y una misteriosa judería, era seis veces más grande, mucho más hermosa, rodeada de bosques y de castillos, alejada de la amenaza turca y atravesada por un río que parecía tener vida propia. Siete años después de su llegada al trono trasladó su corte a Praga.

 

Y entonces le abrió las puertas a todo el que tuviera algo valioso que ofrecer y favoreció el libre pensamiento como filosofía de progreso.


Con él y durante casi tres décadas, Praga fue la capital del deslumbramiento, a pesar de los graves conflictos políticos que la amenazaban. Vivió embriagada de un esplendor que no era más que la premonición de las sombras que se extenderían después , por siglos, sobre el territorio checo.


Mucho se ha escrito sobre Rodolfo II y a pesar de eso sigue siendo un desconocido. Dicen que fue un mal gobernante, que era hosco y retraído. Pero también fue el último gran mecenas del Renacimiento europeo, un rara avis, alguien que creyó que el arte, las ciencias y la tolerancia podrían ser instrumentos para el entendimiento humano.

 

El 20 de enero de 1612 murió triste en Praga, atenazado por la locura, la sífilis y la incomprensión de sus contemporáneos. Las huellas de su grandeza permanecen inalterables en las salas renacentistas del Castillo y en las hermosas fachadas de Malástrana.

 


Giacomo Casanova. Amante de las tierras checas

Publicada el 3 Ee febrero Ee 2015 a las 0:20 Comments comentarios (0)






Giacomo Casanova ha pasado a la historia como un gran amante, según los parámetros del siglo XVIII. Sus conquistas amorosas, contadas por él mismo en su obra “Historia de mi vida”, fueron más de 130 mujeres y, se dice también, algunos hombres.


 

Pero eso sólo fue una de las tantas facetas de una vida llena de aventuras. Recorrió gran parte de Europa, fue recibido en los salones más importantes y estuvo al servicio de cardenales, emperadores y mecenas. Viajó de una corte a otra, fundó empresas que terminaron en fracaso, participó en duelos y tuvo muchos enemigos que lo obligaron a huir de un país a otro.


 

De aventura en aventura llegó a los 60 años, sin bienes, sin familia y con casi todas las fronteras europeas cerradas para él. Entonces un amigo le abrió las puertas de su casa, el hermoso palacio de Duchcov, a 100 kilómetros de Praga.


 

Allí vivió los últimos trece años de su vida, trabajó como bibliotecario, escribió sus memorias y murió en su butaca preferida, disfrutando de la tranquilidad de los jardines en los que por fin había encontrado la paz.

 


La historia de amor entre Praga y Mozart

Publicada el 29 Ee enero Ee 2015 a las 10:50 Comments comentarios (0)





Mozart visitó Praga por primera vez en enero de 1787, invitado expresamente para dirigir la orquesta durante la representación de su ópera "Las bodas de Fígaro", cuyo estreno en diciembre del año anterior había sido un éxito.


Veinte años antes había estado en la ciudad de Olomouc, al sur del territorio checo, donde pasó dos meses enfermo de viruela. Entonces era un niño prodigio de 11 años, que viajaba con su padre de ciudad en ciudad, exhibiendo su arte como un monito de feria.


1787 sería el año mas intenso en la relación de Praga con el genial compositor. Ambos vivían momentos difíciles. Ambos, menospreciados y subvalorados por el boato de la conservadora Corte de Viena se encontraron y se reconocieron. Praga le abrió sus brazos y lo recordaría siempre. Mozart llegó a exclamar con profunda admiración: “Mis praguenses me entienden”.


Al éxito de "Las bodas de Fígaro", le siguió otro todavía mayor, cuando en octubre regresó nuevamente a la ciudad para dirigir el estreno mundial de una de sus obras más famosas, "Don Giovanny", en el Teatro de los Estados, el edificio de la imagen que acompaña a este texto. El furor y la admiración del público fueron absolutos. Nunca más llegaría tan lejos.


A finales de agosto de 1791 regresó por última vez a Praga para presentar y dirigir una ópera en honor a la coronación del emperador, pero ya no fue igual. Decepcionado regresó a Viena, donde murió en diciembre de ese mismo año.



Leyenda de Libuse. Continuación

Publicada el 27 Ee enero Ee 2015 a las 10:00 Comments comentarios (0)



Entonces Libuse, adelantada a su tiempo como era, comprendió enseguida que una mujer sola, por muchas virtudes que tuviera, no podría dirigir a los hombres. Y tomó una importante decisión:


Cuenta el cronista Kosmas que después de una noche de angustiosa deliberación, reunió al consejo de ancianos y ordenó lo siguiente:


"Más allá de las colinas hay un pequeño arroyo llamado Bilina. En sus orillas se encuentra el pueblo de Stadice. Mi caballo les llevará, simplemente seguidlo. Hay un campo en el que se encuentra el futuro duque, es un labrador. Cuando el caballo se detenga, ahí estará él. Dadle mi mensaje y traedlo para que sea el gobernante y mi marido. Su nombre es Premysl y nuestros descendientes gobernarán aquí para siempre".


 Visto a la luz de nuestro tiempo, fue un golpe maestro. Ella seguiría gobernando sobre los nobles que la rechazaron, pero representada por un hombre sencillo, de pueblo.


Admira saber que una dinastía que duró más de cuatrocientos años, fundadora de una nación y de un estado, tenga como símbolo de su origen a una mujer.


¿Será por eso que los checos dicen que el hombre es la cabeza, pero la mujer es el cuello que la mueve?

Libuse, la más hermosa leyenda checa

Publicada el 26 Ee enero Ee 2015 a las 6:00 Comments comentarios (0)






Los checos cuentan con orgullo la leyenda de Libuse, una princesa que al convertirse en reina gobernó a su pueblo con sabiduría, fundó una dinastía que duró varios siglos y predijo la creación de Praga, una de las ciudades mas hermosas del mundo.


Libuse era la hija mas pequeña del rey Krok, sucesor del abuelo Cech, aquel jefe que tras fatigosas jornadas llevó a su pueblo hasta las tierras de la actual Bohemia y, ante la hermosa vista que ofrecían los fértiles valles desde la cima del monte Rip, comprendió que por fin había llegado al paraíso.


 Debió de ser una mujer muy bella, con una personalidad tan atrayente que, según Cosmas en sus Crónicas Bohemias, los rudos caballeros callaban a su paso y los ancianos tenían para ella sólo frases de alabanza. Al Morir Krok, ella fue elegida reina por los patriarcas de los clanes más fuertes, para alegría del pueblo checo. Gobernaba y juzgaba. Venía gente de todas partes buscando consejos para resolver sus problemas. Libuse mediaba e impartía justicia. Pero los caballeros no querían ser gobernados por una mujer y comenzaron los problemas.


 Un día, después de emitir el dictamen en un juicio por el derecho a unas tierras, el conflicto estalló cuando el agraviado, un hombre mayor de largas barbas, descargó su ira contra la reina en un torrente de recriminaciones. Veamos como nos lo cuenta el conocido escritor checo Alois Jirásek:


“No terminó de hablar y ya el mayor sacudido por salvaje ira, golpeó tres veces al piso con su bastón, enrojecido y con miradas relampagueantes, maldijo y empezó a hablar como si se hubiera desatado un diluvio: Así es aquí el derecho. ¡Acaso no sabemos quien nos juzga, una mujer! Una mujer de cabellos largos pero de entendimiento corto. Sabe hilar, sabe coser, para eso está, pero no para juzgar. Que cosa, que hile, pero que no juzgue. ¡Vergüenza a nosotros los hombres! Y con el puño se golpeaba la cabeza y con saliva manchaba su barba durante su apasionado discurso. ¡Vergüenza a nosotros! ¿Dónde en otra parte, que otra etnia, dónde en otra parte gobierna a los hombres una mujer? Sólo a nosotros, sólo a nosotros, por eso estamos para la burla. ¡Es mejor morir que soportar semejante gobierno!”.


 Los caballeros la querían, pero no para que los gobernara. Ahora bien, ¿Como solucionó Libuse el problema?


 Si quieres, mañana te sigo contando.