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BLOG EL CALLEJON DEL ORO

La epopeya de Mucha

Publicada el 2 Ee febrero Ee 2015 a las 0:35 Comments comentarios (0)





Alphonse Mucha es, sin duda alguna, el mejor pintor checo del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Lo que además lo convierte en uno de los mejores pintores de la modernidad. Mucha es el Art Noveau en forma de elegantes y hermosas mujeres de velos misteriosos e inquietantes. Sus carteles, sus decorados teatrales y sus originales diseños de joyas lo llevaron a la fama. Llegó al punto en el que muchos se hubieran dado por satisfechos. Pero él quería más. Quería entrar como un gigante en la historia del arte.


 Entonces se lanzó a librar su gran epopeya. "La Epopeya Eslava".


 Tenía 52 años cuando alquiló una enorme sala de un antiguo palacio a 60 kilómetros de Praga y comenzó su obra maestra. Llevaba sobre sus hombros una carrera de grandes éxitos. Había estado en Francia y Estados Unidos, había viajado por Polonia, Rusia y los Balcanes buscando información, había decorado La Sala del Alcalde de la Casa Municipal. Era querido y admirado.


 Dieciocho años le llevó pintar veinte enormes cuadros. Los más grandes de 8 metros por 6. Los más pequeños de 4 por 4. Los lienzos: velas de barcos importados de Bélgica. La pintura: témperas al huevo.


 "La Epopeya Eslava" no es una clase de historia. Es un derroche de las más auténticas emociones de alguien que amaba profundamente a su país, a su cultura y a su pueblo. Eso he sentido yo, cuando he estado frente a esos cuadros enormes, llenos de vida, de luz y de belleza, en la Galería Nacional.


 Hoy quiero compartir uno contigo. Se llama "La celebración de Svantovic".


Espero que te guste.

 

 


El bebedor de absenta

Publicada el 28 Ee enero Ee 2015 a las 10:20 Comments comentarios (0)





Este hermoso cuadro se llama “El bebedor de absenta” y está en la pared del fondo del café Slavia en Praga. Es tal vez la obra más conocida del pintor e ilustrador checo Viktor Oliva.

 

La absenta, cuyos orígenes se pierden en el tiempo, se hizo famosa en el siglo XIX. Las hierbas que la componen, entre las que se encuentra el ajenjo al que se le atribuyen propiedades alucinógenas, y el alto contenido de alcohol, llevaron a que en Francia se dejara de producir en 1915 y que se prohibiera en casi todos los países europeos. Sin embargo, estas cualidades la convirtieron en la bebida de culto de la intelectualidad parisina, en el alimento espiritual de la vanguardia. Y esta moda llegó a Praga, como llegaron las obras de Manet, Verlaine, Rimbaud o Baudelaire.


 “Ya ni me acuerdo - escribe en sus memorias el poeta Jaroslav Seifert - la razón que nos hacía a veces abandonar el afable y acogedor Cafe Nacional y cambiar su atmósfera llena de humo por el mismo humo y el mal olor del antiguo Café Slávie de los actores, situado en la esquina, frente al Teatro Nacional. Nos sentábamos al lado de la ventana que daba al muelle y sorbíamos el ajenjo. Era una pequeña coquetería con París; nada más.”


Se dice que el Slavia era el café favorito de Viktor Oliva. En él quiso que estuviera su cuadro más famoso.


Hoy la absenta se vende en cualquier bar o tienda de Praga. A pesar de lo fuerte, no es dañina si se bebe con moderación. Pero lo mismo puede decirse de cualquier otra bebida alcohólica. Si la pides, te la servirán con una cucharilla, unas cerillas y un poco de azúcar. Ya veras por qué.


¿Te gustaría que sobre tu mesa se sentara la dama verde?


Bílek. Un escultor místico y casi desconocido

Publicada el 7 Ee enero Ee 2015 a las 8:30 Comments comentarios (0)




Muy cerca del Castillo de Praga hay un edificio sorprendente. Uno lo descubre, casi por casualidad, al pasar con el tranvía frente a la fachada circular de ladrillo rojo, sostenido por unas columnas enormes que recuerdan a las de los antiguos templos egipcios. Se trata de la casa-museo del escultor simbolista checo Frantisek Bílek.

 

El edificio fue diseñado por el artista y construido en 1910, lleno de símbolos sobre la naturaleza y el campo. Su forma circular representa la guadaña, las columnas recuerdan los tallos y las espigas y el tejado plano simboliza la llanura de los campos de trigo. En su interior se pueden admirar hermosas puertas y muebles tallados por el mismo Bílek, además de una exposición permanente de sus obras en lo que fue su taller mientras vivió en la casa.

 

Frantisek Bílek nació en 1872 en un pueblo de Bohemia del Sur. Fue un hombre muy religioso, casi místico, y aunque es uno de los mejores escultores de la República Checa, su hermetismo y su compleja personalidad lo privaron del reconocimiento de sus contemporáneos.


Vale la pena dedicarle una visita al museo cuando estés en Praga :).